INCLUSIÓN
La educación inclusiva se presenta como un
derecho de todas las personas, y no solo de aquellos calificados como con
necesidades educativas derivadas de una discapacidad. Pretende pensar las
diferencias en términos de normalidad (lo normal es que los seres humanos sean
diferentes) y de equidad en el acceso a una educación de calidad para todos.
La educación inclusiva no solo postula el
derecho a ser diferente como algo legítimo, sino que valora explícitamente la
existencia de esa diversidad. Se asume así que cada persona difiere de otra en
una gran variedad de formas y que por eso las diferencias individuales deben
ser vistas como una de las múltiples características de las personas. Por lo
tanto, inclusión total significaría la apuesta por una escuela que acoge la
diversidad general, sin exclusión alguna, ni por motivos relativos a la
discriminación entre distintos tipos de necesidades, ni por motivos relativos a
las posibilidades que ofrece la escuela. La inclusión comienza aceptando las
diferencias, celebrando la diversidad y promoviendo el trato equitativo de cada
alumno. El proceso de inclusión pretende minimizar las barreras para que todos
participen sin importar sus características físicas, mentales, sociales,
contextos culturales, etc.
Desde esta postura resultan criticables, por
su carácter excluyente, los modelos de integración basados en el uso de
espacios y tiempos separados para el trabajo con determinados alumnos con
problemas. A cambio de ello se favorecen las prácticas educativas y didácticas que
no solo acojan la diversidad, sino que saquen provecho de ella. Es importante
eliminar los sistemas educativos segregativos y propiciar la búsqueda de
estrategias, metodologías y espacios incluyentes buscando que el derecho de
Educación para todos sea una realidad. Para que la escuela se vuelva inclusiva
se tienen que identificar las barreras de participación para que los alumnos
adquieran el aprendizaje.
CORTOMETRAJE SOBRE LA INCLUSIÓN:




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